editorial

El momento es ahora

Laura Fernández Lord, Empoderamiento de la Mujer FMBBVA

Mucho se ha escrito en el último año sobre el movimiento feminista en el mundo. Algunos afirman que 2018 ha sido “el año de la mujer”. Y sin embargo, al ritmo actual, no será un año lo que necesitaremos para cerrar las brechas de género, sino los 217 que establece el Foro Económico Mundial. Las mujeres siguen sufriendo una vulneración de sus derechos más fundamentales; entre ellos la posibilidad de tener independencia económica. De hecho, pese a los avances de las últimas décadas, ningún país ha alcanzado aún la igualdad de derechos entre mujeres y hombres (que es como define el feminismo la Real Academia Española). Y, sin embargo, sabemos que no contar con la contribución de las mujeres supone pérdidas económicas de primer orden.

"Si no avanzamos en la igualdad de género, no será posible lograr un desarrollo, ni que este sea sostenible e inclusivo. Por eso, el momento es ahora"

McKinsey, en su renombrado informe El poder de la paridad, habla de 28 billones de dólares (el equivalente a las economías de Estados Unidos y China). Y además, hay algo mucho más importante en juego: la mujer es clave para reducir la pobreza y alcanzar la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030. Si no avanzamos en la igualdad de género, no será posible lograr un desarrollo, ni que este sea sostenible e inclusivo. Es sencillo: no podemos dejar atrás a la mitad de la población mundial. Por eso, el momento es ahora. Como también lo es para cerrar las múltiples brechas que aún están en la lista de “pendientes”: de acceso a recursos, a tecnologías, a educación, a salud, a protección social, de derechos e integridad física, de participación laboral y política. Y estas son aún más agudas para las millones de mujeres que viven en países en desarrollo, en situaciones de exclusión y pobreza.

El 84% de las emprendedoras que atienden las entidades de la Fundación son vulnerables y un tercio están en situación de pobreza o pobreza extrema. Cuatro de cada diez sólo tienen primaria a lo sumo y casi la mitad están solas y tienen dependientes a su cargo. La mayoría se dedica al comercio minorista (venta de alimentos y bebidas, ropa…), actividades que surgen como extensión del hogar. Nuestros datos muestran que, aunque sus préstamos y activos son más pequeños, crecen a tasas más altas que los de los hombres, y después de 2 años, 1 de cada 3 mujeres abandona su nivel inicial de pobreza.

A estas realidades hay que sumar otras estructurales derivadas de los roles de género, como que las tareas domésticas y el trabajo de cuidados de los hijos y personas dependientes, siguen siendo no remuneradas, invisibles y femeninas. Son realizadas en un 76% por mujeres, que dedican el triple del tiempo que los hombres, limitando radicalmente sus posibilidades de emplearse fuera del hogar. En algunos países latinoamericanos, estas tareas llegan a ocupar hasta 53 horas semanales, sin que reciban absolutamente nada por ello. La Organización Internacional del Trabajo estima en un reciente informe Care work and Care Jobs que si se valoraran económicamente estas actividades ascenderían a 11 billones de dólares a nivel mundial, más que el PIB total de América Latina en 2018 (datos del Fondo Monetario Internacional a paridad de poder adquisitivo).

Una carga que aumenta con la inseguridad económica, la ruralidad, la falta de acceso a electricidad, agua potable o tecnología. Es lo que se denomina “la pobreza de tiempo”, un activo esencial para acceder a oportunidades del que todos, hombres y mujeres, deberíamos poder disponer libremente. Y de nuevo, el momento es ahora, para reconocer, reducir y redistribuir el tiempo dedicado a actividades no remuneradas si queremos que las mujeres puedan aportar todo su potencial. Este es precisamente el tema principal al que las Naciones Unidas dedican su Comisión sobre el Estatus Jurídico y Social de la Mujer (CSW63), el mayor foro internacional sobre igualdad de género y en el que la Fundación Microfinanzas BBVA participa por tercer año consecutivo.

Para la Fundación, la inclusión financiera es clave para apoyar los emprendimientos y cerrar las brechas de desigualdad de las mujeres de escasos recursos. Ellas son el 60% de los emprendedores que atendemos en Colombia, Chile, Perú, Panamá y República Dominicana. Tener acceso a servicios financieros es especialmente relevante en una región donde, según el Banco Mundial, sólo el 60% de los hombres y la mitad de las mujeres tienen una cuenta bancaria y 5,9 millones de microempresas tienen necesidades de financiación no cubiertas, lo que constituye un claro freno a su crecimiento.

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Desde nuestro origen en 2007, estamos comprometidos con el empoderamiento económico de la mujer. Trabajamos para brindarles una mayor autonomía, porque sabemos que está en juego no sólo su bienestar, sino el de sus hijos, que son el motor de sus emprendimientos y el fin último de sus excedentes, y la clave del desarrollo de un país. Así que una vez más, el momento es ahora. Por ello, estamos trabajando para impulsar su progreso a través de:

  • Desarrollo de productos y servicios financieros adaptados a sus necesidades (banca comunal, crédito educativo y vivienda, asistencias de salud mujer, ahorro programado, crédito “agro-mujer” o créditos para mujeres víctimas de violencia).
  • Educación financiera, capacitación técnica específica para sus negocios y contenidos de empoderamiento y liderazgo o bienestar familiar.
  • Y finalmente, facilitando su acceso a mercados, a través de alianzas con terceros, y del fomento de redes entre ellas tanto presenciales como digitales.

Todo, con el fin de apoyar sus necesidades de independencia económica, autoconfianza y fomentar su orgullo de pertenencia. Y con la digitalización como un herramienta poderosa que contribuye positivamente a su esfuerzo y permite reducir los costes de transacción derivados de tener que desplazarse hasta las oficinas y tener que dejar el negocio y el hogar.

Estamos convencidos de que trabajar en favor del empoderamiento económico de la mujer no es una convicción sino un imperativo moral y ético que permite construir sociedades más justas y en definitiva, un mundo mejor. Todos, hombres y mujeres, debemos trabajar en su favor de manera urgente porque es totalmente inaceptable tener que esperar dos siglos para alcanzar la igualdad ¡El momento es ahora!

 

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