Editorial

Filantropía para el Desarrollo. Diez Aspiraciones para 2030

Claudio González-Vega

Claudio González-Vega, Presidente del Patronato de la Fundación BBVA para las Microfinanzas

Claudio González-Vega, Presidente del Patronato de la Fundación BBVA para las Microfinanzas

Exposición de Claudio González-Vega en la Reunión Anual (2017) del Global Network of Foundations Working for Development (netFWD), el 16 de marzo, en la sede de la OCDE en París.

La relación íntima, el romance, entre la Fundación BBVA para las Microfinanzas y las Metas del Desarrollo para 2030 no ha sido un asunto reciente. De hecho, se remonta a los orígenes de la Fundación y ha quedado impreso en su ADN.

La Fundación fue creada hace diez años por el Grupo Financiero BBVA, como una de las iniciativas en su estrategia de responsabilidad social. Al mismo tiempo que ha gozado de total autonomía de su fundador, la Fundación ha invertido su dotación en la adquisición, fusión, transformación y fortalecimiento de varias organizaciones locales, que han dado origen a seis instituciones de microfinanzas en Chile, Perú, Colombia, Panamá y la República Dominicana. Si bien la Fundación es una entidad sin fines de lucro, estas instituciones financieras persiguen estrategias de maximización restringida de beneficios, buscando con sus ganancias garantizar tanto su elegibilidad para la regulación prudencial como su sustentabilidad, una amplitud sustancial en su alcance (outreach) y la calidad de los servicios a sus clientes.

En la persecución de su misión, de facilitar el desarrollo socioeconómico sostenible de poblaciones pobres y vulnerables en esos países y en el empleo de su propio enfoque de finanzas productivas, responsables, las seis instituciones financieras del Grupo actualmente ofrecen préstamos, facilidades de depósito, seguros y otros servicios a más de 1.800.00 hogares-empresa pobres. Con un enfoque claro en los derechos de género, cerca del 58 por ciento de los clientes son mujeres prestatarias.

Desde que la Fundación comenzó a documentar el desempeño social del Grupo, hace seis años, entre 80 y 90 por ciento de los deudores atendidos por las instituciones del Grupo se han encontrado debajo de una línea de vulnerabilidad, definida como tres veces la línea de pobreza del país correspondiente.  En el caso de aquellos deudores que se encontraban debajo de la línea de pobreza de su país, cuando fueron atendidos por primera vez por estas instituciones, y que han continuado en su relación con la institución por lo menos por cuatro o cinco años, el 69 por ciento de ellos ahora se encuentran por arriba de este umbral crítico, mientras que 10 por ciento de los deudores habría caído por debajo de la línea de pobreza. Esto representa una ganancia neta de 59 por ciento, entre los deudores de las instituciones, en la batalla para superar la pobreza.

La Fundación no afirma, sin embargo, que hayan sido las entidades del Grupo las que los han sacado de la pobreza. Más bien, aprovechando sus propias oportunidades productivas, con sus propias destrezas y esfuerzos, y en el tanto en que las circunstancias de su entorno lo han permitido, ellos se han sacado a sí mismos de la pobreza. Al mismo tiempo, no obstante, sí es cierto que las instituciones en el Grupo les han proporcionado a sus clientes servicios financieros valiosos. Estos servicios han sido herramientas poderosas que los han asistido en sus esfuerzos por tener éxito en sus emprendimientos y en la búsqueda de sus propios sueños particulares.

Ha sido en reconocimiento de estos propósitos y logros que la Fundación BBVA para las Microfinanzas ha sido invitada, junto con otras 12 instituciones, a participar en el Grupo Asesor del Sector Privado para el Fondo de las Metas de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, creado en 2015.

Al proyectar las actividades de la Fundación y las de otras organizaciones filantrópicas para el año 2030, quisiera compartir con Ustedes diez enunciados que surgen de los propósitos de nuestra práctica actual. Estos enunciados representan, no un pronóstico para el año 2030, sino más bien un conjunto de lineamientos normativos a seguir conforme avanzamos en la persecución de nuestros objetivos de desarrollo.  No se trata de mandamientos. Son, más bien, unas diez aspiraciones.

Primero, la filantropía para el desarrollo debe estar cimentada en valores compartidos. Un compromiso ético debe moldear el comportamiento de todos los equipos, a todos los niveles de la organización.  Este compromiso debe entonces reflejarse en una fuerte resolución de mantener todas las acciones e intervenciones enfocadas en una misión bien definida. En la Fundación, este ha sido el compromiso que ha resultado en nuestra insistencia en las finanzas responsables.

Segundo, la filantropía para el desarrollo debe estar centrada en el cliente (en el sentido más general, en el beneficiario de sus esfuerzos). Este enfocarse en el cliente requiere principalmente tolerancia y una actitud respetuosa, reflejada en la voluntad, no sólo de aprender sobre los clientes y sus particulares creencias y preferencias individuales (a fin de responder a estas preferencias y demandas, en lugar de imponerles términos y condiciones de los servicios desde arriba), pero también una disposición a aprender de los clientes (ya sea del depositante o el deudor, del paciente, del estudiante, o cualquier otro beneficiario de estos servicios), para entender sus sueños y expectativas de valor y para aprender sobre ideas nuevas para mejorar la entrega de los servicios ofrecidos, directa o indirectamente, por la organización filantrópica. Los clientes, quienes poseen acervos valiosos de conocimientos, tienen mucho que enseñarnos. En la Fundación, intentamos aprender mucho acerca de cómo los servicios del Grupo están impactando sus vidas.

Tercero, la filantropía para el Desarrollo debe estar basada en el manejo eficiente del conocimiento. El mundo ha estado ya experimentando cambio muy rápido (el que parece casi exponencial), combinado con una complejidad creciente y una incertidumbre cada vez mayor (asociada cada vez más con eventos sistémicos). Para 2030, estos desafíos se habrán acelerado más. En este nuevo mundo, el conocimiento jugará un papel cada vez más central.  Solo un conocimiento que evolucione rápidamente, aplicado a todas las escogencias y acciones, hará posible enfrentar los desafíos resultantes y aprovechar las nuevas oportunidades. Desde esta perspectiva, la filantropía para el desarrollo deberá ser principalmente acerca del manejo óptimo (adquisición, acumulación y uso) del conocimiento.

Cuarto, la filantropía para el desarrollo deberá estar basada en la cooperación y en la creación del saber-hacer colectivo útil.  La mayoría, si no todas, de las metas del desarrollo para el 2030 no podrán ser alcanzadas como resultado de esfuerzos individuales y aislados.  Requerirán la combinación coherente de los esfuerzos de equipos, dentro de la organización y a lo largo de todo el espectro de pares y de interesados.

Quinto, el progreso del conocimiento y la construcción del saber-hacer colectivo serán más exitosos en organizaciones que valoren todas las dimensiones de la diversidad. En efecto, la evolución de la filantropía para el desarrollo requerirá acceso a múltiples y diversas fuentes del conocimiento, deberá escuchar a una variedad de voces, deberá ser tolerante y deberá promover la apertura y la libertad, en el sentido de Amartya Sen.

La Fundación BBVA para las Microfinanzas representa un ejemplo inusual de cómo manejar, combinar y coordinar diversas capas de conocimiento, a fin de enfrentar las complejidades de un desafío filantrópico particular: promover el desarrollo socioeconómico sostenible de segmentos excluidos y vulnerables de la población en países de ingresos bajos. Este arreglo ha incluido a un auténtico filántropo (el Grupo Financiero BBVA), un facilitador sin fines de lucro, en el desarrollo y adaptación  de tecnologías financieras y como productor de bienes públicos (la Fundación BBVA para las Microfinanzas), un grupo de practicantes implementadores (el conjunto de instituciones de microfinanzas locales que buscan la maximización restringida de sus beneficios en la provisión de sus servicios) y una multitud de clientes individuales (hogares-empresa vulnerables, con diversas oportunidades productivas y sus propios sueños y aspiraciones).

Cada uno de estos participantes posee algún tipo de conocimiento, indispensable para el éxito del ejercicio. Separadamente, sin embargo, cada uno posee poco poder para generar un impacto sustancial. El reto central para la Fundación ha sido, por lo tanto, encontrar las maneras de lograr la combinación más eficiente de estos diversos acervos de conocimiento, para alcanzar mejor los objetivos incorporados en su misión.

Sexto, la filantropía para el Desarrollo debe ser eficiente, no derrochadora o mal orientada.  Las metas del desarrollo para el 2030 son considerablemente ambiciosas y, sin embargo, los recursos para alcanzarlas son significativamente escasos. Los fines filantrópicos siempre requieren un uso eficiente de recursos limitados. Por esta razón, el camino hacia la justicia social y el desarrollo sostenible debe estar pavimentado con la eficiencia. En la Fundación Microfinanzas BBVA descansamos en una gerencia sobresaliente, tanto al nivel global como al nivel local, para alcanzar los mejores resultados posibles con nuestra dotación y los esfuerzos de todos los equipos involucrados.

Séptimo, la filantropía para el desarrollo debe ser sostenible, en cada dimensión de sus actividades. La intervención debe ser institucionalmente sostenible, para ser capaz de ofrecer servicios permanentes y no transitorios y efímeros. También debe ser ambientalmente sostenible, para poder responder a las demandas inter-generacionales de sus servicios y comportarse como un ciudadano del mundo responsable.  Más importante todavía, debe ser sostenible al nivel del cliente, a fin de generar la confianza entre sus beneficiarios y sustentar sus expectativas de que podrán contar con sus servicios cuando los necesiten en el futuro. Este debe ser el propósito inescapable de una filantropía con resultados sostenibles. Desde esta perspectiva, las entidades del Grupo de la Fundación Microfinanzas BBVA han enfocado sus esfuerzos en las finanzas productivas, en las que el cliente tiene acceso a una oportunidad productiva capaz de generar excedentes y puede mitigar el riesgo, a través del tiempo, al nivel del cliente.  Sólo si estas condiciones existen, el acceso a las finanzas hará que el escape de la pobreza sea sostenible.

Octavo, la filantropía para el desarrollo debe ser guiada y gobernada por una regulación apropiada. Es decir, requerirá un marco regulatorio que, al mismo tiempo que protege a los beneficiarios y a la sociedad, en su conjunto, también conduce a la innovación y no limita iniciativas transformadoras.  Mientras que la ausencia o la insuficiencia de regulación podrían no ofrecer un entorno institucional favorable a la evolución de una filantropía responsable, una regulación distorsionante o represiva la mataría. Un marco regulatorio apropiado privilegiaría la transparencia y la rendición de cuentas y, en particular, llevaría a estructuras de incentivos compatibles que moldearían el comportamiento e inducirían a todos los participantes e interesados a contribuir a las metas del desarrollo para el 2030.

Noveno, las organizaciones de filantropía para el desarrollo deberán estar dispuestas y ser capaces de medir rigurosamente los resultados de sus intervenciones, como una herramienta crítica y como un medio para la acumulación de conocimiento que es necesaria para construir organizaciones sostenibles y, a la vez, relaciones sostenibles con los clientes. Éstos, como resultado, serán así capaces de lograr los beneficios de largo plazo de esas relaciones. Por esta razón, en la Fundación Microfinanzas BBVA hemos desarrollado métodos novedosos que nos permiten darle seguimiento a la evolución y destino de nuestros clientes a lo largo del tiempo y adaptar nuestros servicios a sus circunstancias particulares.  Estos indicadores están incluidos anualmente en nuestra Memoria de Desempeño Social. Esta medición longitudinal ha mostrado que el escape de las trampas de pobreza toma tiempo y, por esta razón, que lo que más importa es el desarrollo de relaciones de largo plazo con los clientes.

Décimo, la filantropía para el desarrollo requerirá alianzas y convenios, (i) para compartir el nuevo conocimiento y estimular la adopción de buenas prácticas, a fin de expandir el alcance, (ii) para crear conjuntamente bienes públicos y compartir los beneficios sociales, cuando excedan a los beneficios privados, así como para mitigar los costos sociales, cuando éstos excedan a los costos privados, (iii) para generar economías de escala y de ámbito y, en general, (iv) para inducir el surgimiento de las sinergias que emergen de complementariedades bien diseñadas.  Como resultado, la Fundación ha desarrollado alianzas con organizaciones multilaterales e instituciones académicas.

En síntesis, para hacer diferencia para el 2030, la filantropía para el desarrollo debe ser cimentada en valores, centrada en el cliente, intensiva en conocimiento, impulsadora de la cooperación, nutriente de la diversidad, eficiente, sostenible en sentido amplio, debidamente regulada, con resultados medibles y constructora de alianzas.

Al incorporar estas aspiraciones en nuestra práctica diaria, en la Fundación Microfinanzas BBVA esperamos estar donde creemos que podríamos ser más útiles y, en particular, donde creemos que podemos aprender más.