editorial

Editorial

Javier M. Flores Moreno

Director General de la Fundación Microfinanzas BBVA

Mucho se ha escrito y debatido sobre la pobreza, fenómeno complejo y multidimensional. La aproximación más difundida está asociada a una limitación de ingresos para hacer frente a una canasta de bienes y servicios esenciales, que garanticen unas condiciones de vida digna. Sin embargo, una visión más amplia apunta a múltiples  dimensiones que incluyen la privación, la exclusión social y la falta de participación. Elementos como el acceso y la calidad de la educación, la salud, las características del entorno donde viven estas personas, y las limitaciones en el acceso a los mercados, son elementos que cobran cada vez una mayor importancia en la definición de pobreza.

La suma de la lentitud con la que el crecimiento económico beneficia a los pobres y el efecto del crecimiento demográfico, mucho mayor entre la población desfavorecida, dificultan enormemente el reto de aliviar la pobreza a nivel global. Por encima de las dificultades técnicas, conceptuales o de medición, propias de cuantificar la pobreza, y por encima de las consiguientes diferencias que arrojan las distintas metodologías, las cifras son abrumadoras.

La exclusión financiera es un obstáculo evidente para el desarrollo de los más pobres y de sus comunidades. En aquellos entornos donde prima el espíritu emprendedor, la información imperfecta y la asimetría de la información, condicionan el hecho de que personas con talento, pero pobres, puedan acceder a fondos externos para iniciar o consolidar cualquier proyecto.

Privados de servicios financieros incluyentes, los pobres y las pequeñas empresas han de valerse solo de sus propios recursos para aprovechar las oportunidades a su alcance. En contraste, las políticas financieras que fomentan los incentivos adecuados y ayudan a superar obstáculos en el acceso al financiamiento son fundamentales, no sólo para lograr estabilidad, sino también crecimiento, reducción de la pobreza y  una distribución más equitativa de recursos y capacidades

La inclusión financiera es todavía, una de las tareas pendientes en las comunidades más desfavorecidas de la sociedad, sobre todo en los países emergentes. Si bien los avances experimentados han permitido que entre 2011 y 2014, el número de personas excluidas del sistema financiero disminuyera un 20 %, aún quedan 2000 millones de adultos sin contar con acceso financiero, lo que representa, una importante traba para que estas personas puedan mejorar sus condiciones de vida, puedan desarrollarse, y por tanto, puedan en muchos casos, superar la pobreza.

Estos niveles de exclusión tienen que ver, en unos casos, con un escaso desarrollo del sector financiero, incapaz de llegar a una buena parte de la sociedad debido a su falta de escala, ineficiencia, pobres modelos de gobierno corporativo, y dificultades para financiarse. Pero en otras ocasiones, aunque en el territorio existe un sector financiero más desarrollado, hay muchas personas que sencillamente no pueden acceder a sus servicios. La fuerte dispersión geográfica de las comunidades más pobres, el tamaño considerable del sector informal de la economía, la presencia de empleos precarios con ingresos reducidos y volátiles, la ausencia de garantías o colaterales, y la escasa cultura financiera, son algunas de las causas que están detrás de este problema.

En 2007, BBVA creó dentro de su marco de responsabilidad social corporativa, la Fundación Microfinanzas BBVA, una entidad sin ánimo de lucro, cuya misión es impulsar el desarrollo económico y social sostenible e inclusivo de las personas más desfavorecidas de la sociedad, a través de Finanzas Productivas Responsables. Nuestra propuesta, supone colocar a pequeños emprendedores vulnerables económicamente, en el centro de toda nuestra actividad, proveyéndoles de una gama completa de productos y servicios financieros, así como de capacitación y asesoría, para acompañar a estas personas en sus actividades productivas, ayudándoles así, a alcanzar el éxito a lo largo del tiempo.

El eje del modelo se basa en el conocimiento individual del cliente, su entorno y la realidad de su hogar/empresa. En cada caso, tiene en cuenta su perfil y sus características de vulnerabilidad, para desde ahí, apoyar a estos emprendedores en la generación sostenible de excedentes económicos, lo que incide en su bienestar y en su propio desarrollo. Y todo esto, materializado en una relación a largo plazo, en la que los clientes cuentan con que la institución va a estar siempre ahí, acompañándoles en sus necesidades, actuales y futuras.

Se trata pues, de una banca relacional, donde la clave es tener la capacidad de reconocer la potencialidad de generar riqueza, (aunque sea en pequeñas dosis), en los emprendedores y sus proyectos. Y esta potencialidad, se manifiesta no sólo a través de atributos tangibles más tradicionales, sino también y con una ponderación importante, a través de atributos intangibles, tales como la inteligencia, la imaginación, el compromiso, la voluntad de pago, la perseverancia, la resiliencia, el empoderamiento, el sentido de la responsabilidad, etc.

En la actualidad, la Fundación Microfinanzas BBVA apoya a 1,7 millones de emprendedores en siete países, de los cuales el 84% pertenece a sectores de la población muy vulnerables económicamente. En el 61% de los casos, se trata de mujeres emprendedoras, en muchos casos, jefas de familia. Desde 2007, el volumen desembolsado agregado en créditos productivos, ha sido de 7 mil millones de dólares, con más de 6,7 millones de personas impactadas directamente.

Los resultados que hemos venido obteniendo, son muy alentadores. Para los clientes que permanecen con las entidades de la Fundación, sus ventas crecen a un ritmo anual de 15%, sus excedentes al 18% y sus activos al 28%. Nuestras métricas señalan que el 30% de los clientes que entraron a formar parte de la entidad teniendo la condición de pobre, (según la definición de CEPAL), abandona esa condición cuando volvemos a medir su situación transcurridos dos años, y aunque estas personas están expuestas a múltiples riesgos que pueden volver a situarlas en condición de pobreza, hemos observado que en la medida en que permanecen más tiempo dentro del sistema, se convierten en menos vulnerables y más resilientes a volver a la pobreza.

Estos resultados refuerzan la motivación que estaba detrás de la creación de la Fundación Microfinanzas BBVA, que es el convencimiento de que el canal financiero juega un rol importante tanto en el crecimiento de la economía, como en la mejora de las condiciones de vida de las personas, con independencia de los estratos sociales o económicos a que pertenezcan.

En estos últimos ocho años, hemos sido testigos del avance del sector de microfinanzas, de la mano de una mayor formalización y profesionalización del sector. Más del 90% de las experiencias exitosas observadas coinciden con la evolución hacia instituciones microfinancieras formales, en su mayoría reguladas. Los casos exitosos de instituciones que transitaron desde ONG a entidades reguladas, se caracterizan por contar con un inquebrantable compromiso con la misión de la institución, una sólida estructura de gobierno corporativo que elimine los problemas de agencia, y una excelente gestión en el control y los riesgos.

Paralelamente los marcos regulatorios para las microfinanzas han evolucionado en muchos casos, reconociendo la realidad de la amplia gama de modelos institucionales, que son abordados por leyes tan diferentes como regulaciones para bancos, cooperativas y en algunos casos por una ley específica de microfinanzas.

Los retos impuestos por los altos costes de transformación relativos al tamaño de las operaciones de crédito de microfinanzas, han exigido al sector la necesidad de evolucionar hacia modelos de desarrollo de canales de distribución y procesos distintos a los tradicionales, implicando la colaboración activa de terceros en la operativa. De este modo, se ha podido llegar más cerca de estos clientes, caracterizados por una fuerte dispersión sobre todo en los entornos rurales, donde se encuentran buena parte de los segmentos de mayor exclusión.

Los resultados muestran que los beneficios de estos nuevos servicios superan con creces los riesgos. Sin embargo, este nuevo entorno exige el reto de lograr un sano equilibrio entre permitir el tipo de innovaciones que faciliten y aceleren el acceso a los servicios financieros, con el establecimiento de los controles necesarios. Y todo esto, preservando un nivel de protección óptimo de estas personas.

La regulación viene actuando en esta dirección, y las nuevas acciones de políticas públicas para el fomento de la inclusión financiera en buena parte de los países de América Latina, apunta a impulsar la utilización de estos canales y procesos cada vez más simples para avanzar en el objetivo de incorporar a los segmentos más desfavorecidos de la sociedad, fomentando no solo el emprendimiento mediante el acceso al crédito sino fomentando el ahorro, y reduciendo considerablemente los costes transaccionales.

La regulación y supervisión ha avanzado en la promoción de un entorno propicio para la inclusión financiera, y en colocar la discusión en los primeros niveles, siendo a día de hoy, parte central de la agenda del G20, para mejorar el tratamiento de la inclusión financiera en sus normas, orientaciones y evaluaciones del sector financiero. El objetivo es crear un marco de actuación, en el que las relaciones e interacciones financieras se puedan dar con un adecuado control de los riesgos que enfrentan las instituciones de microfinanzas, y una adecuada protección de los clientes, preservando la estabilidad del sistema y fomentando el funcionamiento eficiente del mercado.

Todo estos elementos, constituyen los pilares del marco regulatorio moderno que viene construyéndose alrededor del sector. Impulsar la inclusión financiera, pero cuidando la estabilidad y sostenibilidad financiera de las entidades, velando por el buen gobierno corporativo y la gestión adecuada de los distintos riesgos, exigiendo al mismo tiempo, que estas instituciones sean mucho más transparentes. Todo este proceso, ha permitido la incorporación al sector durante los últimos años, de una serie de nuevos actores que han aportado innovaciones y nuevas formas de participación tanto en el capital de las instituciones como en su fondeo.

La crisis financiera global de los últimos años ha dado paso a la construcción de un marco global basado en riesgo, donde los requerimientos de capital se han sofisticado, con un fuerte enfoque macroprudencial y la exigencia de dotaciones de capital anticíclico. El espíritu de estas reformas se ha venido incorporando en la evolución de la regulación de este sector, en la medida en que prevalece el principio de eliminar el arbitraje regulatorio, dentro de estos mercados.

El sector financiero se encuentra además, inmerso en un proceso de gran trasformación. La brecha digital se está cerrando. Sobre esta base se está construyendo buena parte del diseño de la banca del futuro, donde ya convive una amplia gama de diferentes tecnologías digitales, dispositivos móviles, redes sociales, análisis de datos y digitalización de procesos. Todos ellos combinados, tienen el poder de transformar el mercado para los clientes y para los actores participantes en la industria.

Éstos tendrán que reconfigurar sus operaciones, estableciéndose nuevas colaboraciones entre entidades financieras y otros sectores. Nuevos participantes, algunos con muy diferentes modelos de negocio, se incorporarán al sector, siendo ésta la gran diferencia de esta nueva ola de cambio tecnológico, la accesibilidad. Los menores costes relativos que implican, en relación a lo observado en ciclos anteriores, son la clave.

El impacto será mayor que en otras oportunidades, por los cambios que se están produciendo en las formas de ahorrar, financiar y acceder al crédito, así como por el importante impacto en términos de la eficiencia operativa, especialmente relevante en operaciones de pequeño monto como es el caso de las microfinanzas.

El sector microfinanciero no está y no estará ausente de estas tendencias del sector financiero. El gran reto, es cómo conseguir en beneficio de millones de personas, una combinación virtuosa entre las nuevas propuestas y posibilidades que ofrece la tecnología y la transformación digital, y el modelo desarrollado por las microfinanzas tras largos años de aprendizaje, centrado en ir allá donde están estos clientes vulnerables, el conocimiento individualizado de sus necesidades y la prestación de una atención personalizada y a medida del cliente y de su realidad hogar/empresa.

La transformación digital, con todo su potencial y gestionada en la dirección adecuada, va a representar un refuerzo estratégico de incalculable valor al modelo de microfinanzas que sitúa al cliente, y su trato personalizado en el centro de toda la actividad:

  • En primer lugar, va a significar mayor agilidad, flexibilidad y conveniencia. Permite una mejora radical en toda la capacidad informacional y operativa de las instituciones microfinancieras, lo que supone poner todo el potencial y la capacidad de información, análisis y decisión de la institución en la ubicación física (hogar) de los clientes, y a su servicio.
  • Al mismo tiempo, tiene el potencial de generar una mayor interactuación y contacto con los clientes, dotando a los clientes y a las instituciones, del potencial de tener contactos con mayor frecuencia e intensidad.
  • Conveniencia y eficiencia desde el punto de la canalidad, para la operativa transaccional.
  • La tecnología garantiza simultáneamente, la posibilidad de unos mayores y mejores controles y seguimiento de los diferentes tipos de riesgos involucrados en la operativa microfinanciera.
  • Y todo ello, unido a una mejora radical en la eficiencia de todos los procesos.
  • Mejora en la eficiencia, que va a redundar en la capacidad para profundizar en los sectores y las comunidades más pobres, que no son accesibles en la actualidad.

Nos dirigimos hacia un futuro, en el que no sólo los clientes tendrán la posibilidad de modificar a su conveniencia los canales de acceso y de transaccionalidad, sino que además las propias instituciones microfinancieras, revisarán también su propia concepción de la sucursal tradicional, hacia modelos con oficinas mucho más livianas, y evolucionando hacia un mayor despliegue de movilidad de los ejecutivos de microfinanzas sobre el terreno, que dispondrán con estas nuevas tecnologías de mayor flexibilidad y capacidad de respuesta, impulsando la construcción de un sistema de mejor atención, agilidad y servicio a sus clientes, combinado con menores costos transaccionales, y sistemas de supervisión mejores y más eficientes.

Los marcos regulatorios, tendrán que reconocer estas tendencias y evoluciones, en la dirección de permitir que estas innovaciones puedan generar el impacto deseado. Pero además, tendrán que garantizar que los potenciales nuevos actores que se incorporen, estén sujetos a un enfoque prudencial que garantice la construcción de un terreno de juego nivelado para todos los operadores, en beneficio de los grandes colectivos de población aún por atender, y de la propia sostenibilidad del sector a largo plazo.

La revolución digital y de la información, y la aceleración de los cambios, están permitiendo la profundización y la incorporación de nuevas dimensiones en el conocimiento de los clientes, que está provocando una mejor adaptación al ciclo de sus propias necesidades, en la medida que permiten profundizar en sus patrones de comportamiento, y en consecuencia, de los propios modelos clásicos de evaluación de los riesgos. Esta gran transformación del entorno tecnológico, bien gestionada, permitirá a las instituciones exitosas, construir sistemas que operarán a menores costes, serán más inclusivas y profundizarán en segmentos que actualmente están fuera del alcance del sector microfinanciero. En la Fundación Microfinanzas BBVA y en todas las instituciones de nuestro grupo, iniciamos este camino innovador hace ya un tiempo, y nos preparamos mirando hacia el futuro con toda la ilusión y con toda la responsabilidad, redoblando nuestro compromiso irrenunciable con la misión.

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