Editorial

Microfinanzas que superan la pobreza

Mario Pavón

Mario Pavón, Gerente General de Fondo Esperanza

El informe “Realidad de las Microfinanzas en Chile”, realizado por BBVA Research y presentado por la Fundación Microfinanzas BBVA (FMBBVA), Fondo Esperanza (FE) y Emprende Microfinanzas reafirma una cifra muy significativa: con sus casi dos millones de microempresarios, Chile es un país emprendedor.

Este segmento, que representa casi un cuarto de la fuerza de trabajo del país, enfrenta múltiples desafíos. De partida, el 50% opera en la informalidad. Los principales efectos de esta situación están relacionados con la precariedad de su acceso a la salud, al sistema de pensiones y a alguna institución que los resguarde ante accidentes laborales. Por otro lado, la gran mayoría, un 78%, no ha recibido capacitación alguna para desarrollar su negocio.

Entre las múltiples consecuencias de la informalidad, la falta de acceso a la seguridad social es un elemento crítico. Para ahondar con cifras reveladoras, del total de los emprendedores del país, el 53% no cotiza en un sistema de salud, el 69% no cotiza en un fondo de pensiones para la vejez y el 88% no ha contratado ningún tipo de seguro contra accidentes.

Como contracara de esta inestabilidad, la formalización no solo facilita el acceso a la seguridad social, sino que también ofrece la oportunidad de operar con recursos superiores a las fuentes personales o familiares, gracias al acceso al financiamiento a través de créditos y/o subsidios. Además, permite prevenir sanciones y multas del Servicios de Impuestos Internos así como recuperar el impuesto al valor agregado (IVA) y emitir facturas o boletas, lo que a su vez facilita la relación con proveedores y clientes.

Respecto de la ausencia de formación, la gran mayoría de los emprendedores no se capacita, principalmente por desconocimiento y/o la baja valoración que tienen de un aprendizaje más sólido. Sin embargo, quienes se han capacitado indican que sí es útil hacerlo. Una mayor capacitación no solo permite que los negocios sean más productivos y que aumenten las ventas, sino que también empodera a las personas y les permite tener un mejor desempeño en múltiples aspectos de la vida diaria, lo que redunda en sus familias y en sus comunidades.

Todos los indicadores anteriormente expuestos se hacen aún más patentes en los emprendimientos de menor tamaño y en aquellos liderados por mujeres: el 66% de las mujeres se concentran en emprendimientos de bajos ingresos, menores a los USD 350 mensuales.

En este contexto, las microfinanzas surgen como una herramienta que permite contribuir a la superación de la pobreza, reduciendo la vulnerabilidad de estos emprendedores y promoviendo su inclusión en el sistema financiero formal. De esta manera, se crea un círculo virtuoso: van siendo gradualmente capaces de crecer, de fortalecerse como microempresarios y de acceder a las múltiples oportunidades que permite la formalización.

En otras palabras, las microfinanzas no constituyen un fin en sí mismo, sino que son un medio para la superación de la pobreza. Esto es algo que hemos entendido en Fondo Esperanza. Por esta razón, nuestro propósito central es contribuir a mejorar la calidad de vida de emprendedores de sectores vulnerables mediante servicios microfinancieros, capacitación y promoción de redes.

¿Y cómo lo hacemos? A través de una metodología de bancos comunales, donde un grupo de microempresarios recibe capacitación de Fondo Esperanza y se apoya entre sí. De esta manera, adquieren el compromiso de avalarse mutuamente en sus pagos financieros, lo que genera nuevos vínculos y mejores redes de apoyo.

A través de los miles de emprendedores que forman parte de Fondo Esperanza —de los cuales un 91% es vulnerable— hemos sido testigos de su desarrollo y perfeccionamiento, proceso en el que han incorporando herramientas y conceptos de negocios que en un comienzo parecían inalcanzables, pero que con el paso del tiempo comienzan a hacerse cotidianos: registro de ventas y márgenes, manejo de flujo de caja, separación del dinero del negocio del de la familia, entre muchos otros.

Con estos primeros pasos, comienza un notable desarrollo en las personas y en los negocios. Al respecto, cabe señalar que al cabo de un año y medio en la institución, el capital social de los emprendedores mejora, en promedio, en un 20%. En cuanto al negocio, las ventas crecen en promedio un 43% y los excedentes un 54%.

Retomando los datos presentados por BBVA Research, que nos muestran que la mayoría de los emprendimientos en Chile son precarios, el desafío es grande, aún queda mucho por hacer.

Este es el reto que inspira la misión de la FMBBVA, así como de Fondo Esperanza y otras instituciones en Chile y el mundo que trabajan en este segmento. Cada servicio y producto ofrecido no sólo cumple con altos estándares de calidad, sino que busca adecuarse a las necesidades y realidades de los emprendedores, permitiéndoles reducir costos y riesgos al momento de optar por un financiamiento. Así sus negocios crecen y alcanzan sus metas.

El desarrollo de las microfinanzas es una gran tarea para todos los países de la región. Este desafío es esencial en la lucha contra la pobreza y la desigualdad. Sin embargo, nunca hay que perder de vista que si bien la inclusión financiera y el acceso a estos servicios les permite aumentar de manera significativa la posibilidad de ganar esta batalla, son los emprendedores quienes luchan a diario para mejorar su calidad de vida, la de sus comunidades y cumplir sus sueños.